Autor: admin

La caridad legal

Publicado en l’Ére Nouvelle, el 5 de noviembre de 1848 Al rechazar la idea de la organización de la caridad por el Estado hemos mencionado uno de los temas más controvertidos del tiempo presente. Desde las jornadas de 1834, en las que los obreros de Lyon pusieron en sus pancartas este lema terrible: “Vivir trabajando o morir combatiendo”, el problema del derecho a la asistencia y del derecho al trabajo no ha dado descanso a las mentes honradas. Los economistas se han preguntado qué es lo que puede y qué es lo que debe hacer el Estado para detener la ola creciente del pauperismo, y están divididos sobre ese tema, como sobre tantos otros de una ciencia que no está aún bien constituida. Unos, con los socialistas, quieren que el Estado lo pueda todo; otros, con los discípulos de Malthus, profesan que el Estado no pueda nada. Incluso se encuentran hombres bien intencionados, cristianos, que, asustados por los ensayos peligrosos intentados en Inglaterra, en Alemania, en Suiza, han rehusado a la sociedad el derecho a socorrer a los miserables, dejados por la Providencia al cuidado de los particulares, y que por odio q la caridad legal, se han declarado contra la asistencia pública. Cuando tomamos partido por el derecho a la asistencia pública y a la asistencia por el trabajo, teníamos a nuestro favor una autoridad muy poco recordada,...

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A las gentes de bien

Publicado en l’Ére Nouvelle, en septiembre de 1848 Al día siguiente de las jornadas de junio, cuando las ruinas del cercado de Saint-Lazare y de la Bastilla todavía echaban humo, “L’Ère Nouvelle”, que una popularidad inesperada difundía por los barrios de París, aprovechaba la ocasión para dirigirse a los insurgentes desarmados, con un lenguaje sin pelos en la lengua, pero que tampoco les irritaba, y para enseñarles a que, en adelante, conocieran mejor a los grandes culpables que les habían engañado. La gente de bien alababa la firmeza de nuestras palabras, nos hizo el honor de encontrar en ellas cierta calidez de corazón y una pasión sincera por los intereses del pueblo. Hoy, les pedimos la misma indulgencia, pues es con ellos con los que tenemos que tratar. Ahora, que el aparato del vivaque ya no entristece nuestros bulevares, ahora que la tempestad parlamentaria de la investigación se ha descargado de todo lo que tenía de tormentoso, podemos no seguir callando las verdades que han dejado de ser peligrosas, y dirigir a los buenos ciudadanos una página más emocionada que de costumbre, sin temor a que los malvados la recojan y sirva para cargar los fusiles de las barricadas. Se ha dicho a la gente de bien que había salvado Francia, y nosotros no pensamos que se les haya halagado pues, en nuestra opinión, la gente de bien es...

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