Obra

Los orígenes del socialismo

Publicado en l’Ére Nouvelle, el 18 de julio y el 13 y el 27 de agosto de 1848. Al tratar de los orígenes del socialismo hemos reunido bajo ese nombre las diversas escuelas que lo profesan, a las que no podíamos separar para iniciar una controversia con cada una de ellas. Si muchos socialistas no son más que discípulos tardíos de los peores errores del paganismo, hay otros que tienen más de un punto de contacto con las tradiciones cristianas, y cuyo error principal es dar nombres nuevos a virtudes antiguas, hacer obligatorios los consejos del Evangelio, y querer establecer en la tierra el ideal del cielo. No ignoramos cuán generosas son esas ilusiones, pero vemos el peligro que entrañan. Como todas las doctrinas que han perturbado la paz del mundo, el socialismo no tiene fuerza más que por las muchas verdades que contiene mezcladas con muchos errores. Esa confusión le presta una apariencia de novedad que asombra a las mentes débiles. Esas enseñanzas se verán libres de todo peligro cuando se hayan mostrado, por un lado, las verdades antiguas que no esperaron a las luces del siglo XIX para ser conocidas, y, por otro lado, los errores antiguos muchas veces juzgados por la conciencia de los seres humanos y condenados por la experiencia de los pueblos. Es ya hora de mostrar esas diferencias y de buscar lo que...

Leer más

Los peligros de Roma y sus esperanzas

Publicado en Le Correspondant, el 10 de febrero de 1848. Algunos amigos han tenido a bien animarme a presentar mis ideas sobre la situación actual del hermoso país que visité hace unos meses. No fui a Italia más que en busca de descanso y a ver los monumentos, más instructivos que los libros. Pasé el tiempo en las catacumbas, en las antiguas basílicas cristinas, en los archivos. No llevé allá ni el hábito ni el gusto por los estudios políticos, y no he vuelto de allá con la ambición de juzgar los sucesos, y aún menos de predecirlos. ¿Pero cómo podría atravesar las ciudades, en otros tiempos tan tranquilas, hoy tan agitadas; cómo pasar por calles adornadas con banderas, por delante de puertas cubiertas con inscripciones en honor de “Pío IX liberador”; cómo oír los gritos de un pueblo sin poner atención, sin interesarse por su resurgimiento? Me mezclé con aquella muchedumbre apasionada pero creyente, la seguí en las primeras fiestas de la libertad, que eran también las de la religión. Al mismo tiempo tuve el honor de conversar con algunos de los grandes ciudadanos cuya moderación será la salvaguardia de las reformas italianas. En fin, Dios me dio la gracia de ver de cerca, de hablar con ese gran papa, haber vivido bajo el cual será la envidia de nuestros nietos, y nos reprocharán tal vez no haberlo...

Leer más

De los peligros de la caridad

Publicado en l’Ére Nouvelle, el 29 de octubre de 1848. A medida que vamos penetrando en los temas atractivos de la economía política, hacia los que nos empujaba la vista de los males públicos, sentimos tanto más su interés, pero no disimulamos sus peligros. El siglo en el que estamos ha olvidado hasta tal punto el lenguaje cristiano de nuestros padres que es difícil hablarlo sin adular involuntariamente las pasiones de los malos ciudadanos, y sin herir la timidez de las personas honradas. Cuando nos conmueven los avances del pauperismo, cuando nos arranca un grito de alarma esa desgracia que introduce el hambre y el vicio en tantos hogares desolados, cuando pedimos para aliviar tantas necesidades no solo recursos sino reformas justas, sufrimos el inconveniente de ver que se nos alaba por parte de escuelas de pensamientos con las que no tenemos nada en común, y que piensan que somos de los suyos porque se creen los únicos guardianes de los intereses del pueblo. Pero sentimos también el dolor muy vivo de provocar los reproches de muchos cristianos, con los que tenemos todo en común, a excepción de ese terreno limitado y conflictivo de las opiniones políticas, y que tienen la desdicha de mirar como novedades las verdades mismas con las que fueron criados, en las que encontraron su altura de espíritu y la generosidad de su carácter. Sí,...

Leer más

De la limosna

Publicado en l’Ére Nouvelle, en diciembre de 1848. Es una tesis preferida por los socialistas denunciar la limosna como uno de los abusos detestables de la sociedad cristiana, pues, dicen, la limosna insulta al pobre, porque le humilla, porque no le permite partir su pan negro sin tener que reconocer que se lo debe a los que se dicen sus bienhechores y, al convertirse en deudor de ellos, deja de ser su igual. De ahí concluyen que la limosna, lejos de consagrar la fraternidad, la destruye, porque ella crea, por así decirlo, el patriciado del que la da, el ilotismo del que la recibe[1]. Lo que los socialistas reclaman para los oprimidos por la miseria es una distribución de los bienes que les satisfaga y que no cree dependencia en ellos, es una legislación que les deje sin deudas hacia la sociedad; no es caridad lo que quieren, es justicia. No podemos dejar de reconocer la habilidad de una doctrina que con toda seguridad se cubrirá de aplausos siempre que se exprese en las discusiones públicas, pues esa doctrina se dirige al más tenaz de los sentimientos humanos, al que palpita lo mismo bajo los harapos que debajo del oro y de la seda; queremos decir, el orgullo. Sí, esa es la eterna esperanza del orgullo humano: desligarse de todo lo que obliga, porque toda obligación implica dependencia; pero...

Leer más

La caridad legal

Publicado en l’Ére Nouvelle, el 5 de noviembre de 1848 Al rechazar la idea de la organización de la caridad por el Estado hemos mencionado uno de los temas más controvertidos del tiempo presente. Desde las jornadas de 1834, en las que los obreros de Lyon pusieron en sus pancartas este lema terrible: “Vivir trabajando o morir combatiendo”, el problema del derecho a la asistencia y del derecho al trabajo no ha dado descanso a las mentes honradas. Los economistas se han preguntado qué es lo que puede y qué es lo que debe hacer el Estado para detener la ola creciente del pauperismo, y están divididos sobre ese tema, como sobre tantos otros de una ciencia que no está aún bien constituida. Unos, con los socialistas, quieren que el Estado lo pueda todo; otros, con los discípulos de Malthus, profesan que el Estado no pueda nada. Incluso se encuentran hombres bien intencionados, cristianos, que, asustados por los ensayos peligrosos intentados en Inglaterra, en Alemania, en Suiza, han rehusado a la sociedad el derecho a socorrer a los miserables, dejados por la Providencia al cuidado de los particulares, y que por odio q la caridad legal, se han declarado contra la asistencia pública. Cuando tomamos partido por el derecho a la asistencia pública y a la asistencia por el trabajo, teníamos a nuestro favor una autoridad muy poco recordada,...

Leer más
  • 1
  • 2